La Real Maestranza de Sevilla vivió dos jornadas consecutivas marcadas por la tragedia y la tensión en el ruedo, con las graves cornadas sufridas por los matadores José Antonio Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey en plena Feria de Abril.
En apenas unos días, dos de las máximas figuras del toreo cayeron heridos en el mismo escenario, reavivando el debate sobre el riesgo inherente a la tauromaquia y estremeciendo a la afición.
El primero en sufrir la embestida fue Morante de la Puebla, quien el 20 de abril resultó corneado de gravedad por el toro “Clandestino”. La herida, de extrema delicadeza al afectar la zona rectal, obligó a una intervención urgente y a su ingreso en cuidados intensivos. El diestro sevillano, que no pudo concluir la faena, permaneció hospitalizado durante varios días antes de continuar su recuperación en casa, aún con pronóstico reservado y bajo vigilancia médica.
Tres días después, la Maestranza volvió a contener la respiración cuando Andrés Roca Rey fue prendido al entrar a matar al quinto toro de la tarde. El astado lo hirió en el muslo derecho con una cornada de hasta 35 centímetros y dos trayectorias, provocando importantes destrozos musculares y obligando a una operación de urgencia en la enfermería de la plaza antes de su traslado al hospital.
La coincidencia de ambos percances en tan corto intervalo ha dejado una profunda huella en la temporada taurina, sembrando incertidumbre sobre la reaparición de ambos toreros y el desarrollo de próximos carteles.
Más allá del impacto deportivo, los hechos reflejan la crudeza de un espectáculo donde la línea entre la gloria y la tragedia se rompe en cuestión de segundos, ante una plaza que pasa del clamor al silencio en un instante.
















