CNN en Español.- La mayoría de las velas lucen apagadas. Hace demasiado viento y no hay forma de que ninguna llama aguante. Tampoco muchos de los cartones apilados verticalmente con mensajes afectuosos.
El altar improvisado por docenas de personas frente al edificio de la presidencia de la Comunidad de Madrid en honor a Maricarmen, fallecida este miércoles a los 87 años, no deja de atraer más gente.
De vez en cuando, alguien se acerca con un papel que encaja junto al resto de los mensajes con palabras de agradecimiento por la lucha contra la crisis de la vivienda que protagonizó al batallar contra su desahucio, ejecutado dos semanas atrás.
“Es doloroso y emocionante ver la repercusión (que ha tenido el fallecimiento de Maricarmen)”, dice entre lágrimas a CNN.
Como tantas personas, Chus acude a este homenaje callejero atraída por la figura de quien se ha erigido como símbolo de un malestar transgeneracional: la crisis de la vivienda. “Yo soy propietaria”, reflexiona, “pero tengo dos hijas que están en una situación con estudios, con trabajo, con máster y sin ninguna posibilidad de ser independientes o siéndolo de forma muy precaria”.
El poder de las imágenes de María del Carmen Abascal siendo expulsada en una camilla de la vivienda donde residió durante más de siete décadas generaron una indignación que todavía perdura dos semanas después. Y, además, con fuerza.
Tanto es así, que el debate por la emergencia habitacional ha copado la primera plana de los debates sociales y la agenda política en España por completo, desplazando lo que hasta hace escasos días era uno de los peores quebraderos de cabeza del Gobierno en esta Legislatura: la crisis migratoria en Ceuta.
Un cambio que, en gran parte, se explica por la empatía. Y eso lo encarna a la perfección Carmen, de 78 años, que permanece a dos metros de distancia del altar con un cartel que acompaña una fotografía de Maricarmen y el texto “También te puede pasar a ti”.
















