En Guadalajara existe una grave crisis por el suministro de agua turbia, maloliente y contaminada en cientos de colonias, debido a fallas en las plantas de tratamiento, descargas industriales irregulares y la falta de infraestructura.
El agua proviene principalmente del Lago de Chapala, que sufre altos niveles de contaminación por descargas industriales y aguas residuales sin tratar a lo largo de su cauce y del canal de Atéquiza.
Las plantas potabilizadoras, como la de Miravalle, tienen una capacidad de filtración deficiente ante el tipo y volumen de sedimentos y contaminantes actuales.
Las tuberías y redes subterráneas operan con obsolescencia y falta de mantenimiento histórico
Monitoreos realizados en el Área Metropolitana de Guadalajara detectaron ausencia de cloro residual en gran parte de las muestras analizadas.
Se halló presencia de la bacteria Escherichia coli (E. coli), metales pesados (como plomo y mercurio), parásitos y materia fecal.
Los habitantes reportan que el líquido sale de color café o amarillento, con sedimentos y un fuerte olor a caño o químicos.
Ciudadanos y académicos advierten riesgos a la salud por problemas gastrointestinales, infecciones en la piel y daños a mediano plazo.
Vecinos de distintas colonias han realizado marchas y protestas exigiendo agua limpia, auditorías al SIAPA (Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado) y una declaratoria oficial de emergencia sanitaria.
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